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Frío, cremoso y con ese fondo almendrado que atrapa desde la primera cucharada. El ajoblanco es la sopa fría más antigua de Andalucía, anterior incluso al gazpacho, y sigue siendo una de las más elegantes. Almendras crudas y tostadas, miga de pan, un toque de ajo, vinagre de Jerez y agua bien fría: ingredientes sencillos que, emulsionados con paciencia, dan como resultado una crema blanca y sedosa que se completa con uvas, jamón serrano y sal negra. ¿Lo mejor? Se prepara en pocos minutos y no necesita cocción.
Para esta receta utilizamos el aceite de oliva virgen extra Estepa Virgen de Oleoestepa, una selección de cosecha temprana elaborada con las mejores variedades de la comarca de Estepa. Su aroma intenso a hierba recién cortada y frutas verdes como la almendra y la manzana se integra a la perfección en la emulsión del ajoblanco, aportando cuerpo, brillo y un final limpio en boca que eleva el resultado.
Cómo preparar un ajoblanco cremoso y refrescante
Preparación previa de los ingredientes
Antes de encender la batidora, dedica unos minutos a dejarlo todo listo. Pon la miga de pan en remojo con agua fría durante al menos 15 minutos para que se hidrate bien y se integre después sin grumos. Pela las almendras crudas si no las has comprado ya peladas: un truco rápido es escaldarlas un minuto en agua hirviendo y retirar la piel con los dedos.
Ten a mano las almendras tostadas, que aportarán un fondo de sabor más profundo a la crema. Pela el diente de ajo y retírale el germen central para evitar que repita. Prepara también la guarnición: corta el jamón serrano en virutas finas, lava las uvas sin pepita y reserva unas cuantas almendras tostadas extra y la sal negra para decorar. Con todo en su sitio, el montaje será rápido y limpio.
La base del ajoblanco: almendras, pan y ajo en el vaso
Introduce en el vaso de la batidora o del robot de cocina el pan en remojo bien escurrido, las almendras crudas peladas, las almendras tostadas, el diente de ajo y una pizca de sal. La combinación de almendras crudas y tostadas es lo que da al ajoblanco ese carácter: las crudas aportan cremosidad y color blanco, mientras que las tostadas suman un matiz tostado que le da profundidad.
¿Por qué el pan? Porque actúa como espesante natural y suaviza la textura final, consiguiendo esa consistencia sedosa que distingue a un buen ajoblanco.

Agua fría y vinagre de Jerez: el equilibrio ácido que define el plato
Vierte a continuación un chorrito de vinagre de Jerez sobre los ingredientes del vaso. El vinagre no solo aporta acidez: es el contrapunto que equilibra la untuosidad de las almendras y el aceite. No te pases con la cantidad; una cucharada bien medida es suficiente para que el sabor esté presente sin dominar.

Añade los 350 ml de agua fría — el agua debe estar bien fría para que la crema final se sirva a temperatura óptima —, pon la tapa y tritura a máxima potencia durante un par de minutos. Buscamos una textura completamente lisa, sin ningún resto de almendra visible.

El aceite de oliva virgen extra, el alma de la emulsión
Con la batidora en marcha, coge el aceite de oliva virgen extra Estepa Virgen de Oleoestepa y viértelo en hilo fino y constante mientras se sigue triturando. Este paso es clave: al añadirlo poco a poco, el aceite emulsiona con la base de almendras y pan, creando esa textura aterciopelada y brillante que define a un gran ajoblanco.
Estepa Virgen aporta aquí un aroma intenso a hierba recién cortada y frutas verdes como la almendra y la manzana, notas que se funden con la base de almendras de forma natural. Su picor y amargor equilibrados le dan al ajoblanco un final limpio y persistente en boca. Cuando retires la tapa, verás una crema blanca, sedosa y con un brillo sutil: esa es la señal de que la emulsión ha salido perfecta.

Emplatado y decoración del ajoblanco: los contrastes que elevan cada cucharada
Vierte el ajoblanco en un plato hondo o en un bol amplio. La guarnición es lo que transforma esta crema en un plato completo y visualmente atractivo. Reparte las uvas sin pepita sobre la superficie: su dulzor estalla al morderlas y contrasta con la salinidad del plato.
Añade las virutas de jamón serrano, que aportan un toque salado y curado. Coloca unas almendras tostadas para sumar textura crujiente y espolvorea una pizca de sal negra, que además de sabor le da un contraste visual muy elegante.

Para terminar, un chorrito de aceite de oliva virgen extra Estepa Virgen de Oleoestepa en crudo por encima, que refuerza el aroma y cierra el plato con un toque de frescor.

Beneficios de usar el aceite de oliva virgen extra en esta receta
El aceite de oliva virgen extra convierte una simple crema de almendras en una emulsión sedosa con personalidad propia. Su papel va mucho más allá de aportar grasa al plato.
- Emulsión y textura: al añadirlo en hilo fino mientras se tritura, el aceite de oliva virgen extra emulsiona con las almendras y el pan, creando esa consistencia aterciopelada y brillante que caracteriza a un ajoblanco bien hecho. Sin él, la crema quedaría acuosa y sin cuerpo.
- Aroma y complejidad: el Estepa Virgen de Oleoestepa aporta notas de hierba recién cortada, almendra verde y manzana que se integran de forma natural con la base de almendras, sumando una capa aromática que multiplica la profundidad del plato.
- Grasas saludables: el aceite de oliva virgen extra es rico en ácido oleico y grasas monoinsaturadas, lo que convierte al ajoblanco en un plato nutritivo y equilibrado sin necesidad de recurrir a otras grasas.
- Acabado en crudo: el chorrito final sobre el plato emplatado preserva intactos todos los aromas y compuestos del virgen extra, que en crudo se expresan con mayor intensidad que cocinados.
Consejos para que tu ajoblanco quede perfecto
Estos trucos marcan la diferencia entre un ajoblanco correcto y uno que te van a pedir que repitas cada vez que suba la temperatura:
- Agua siempre fría: el ajoblanco se sirve frío, y si usas agua a temperatura ambiente la crema no alcanzará la frescura que necesita. Si puedes, mete el agua en la nevera unas horas antes o añade un par de cubitos de hielo al vaso antes de triturar.
- Escurre bien el pan: si el pan retiene demasiada agua, la crema quedará aguada. Apriétalo con las manos antes de añadirlo al vaso para eliminar el exceso de líquido.
- Aceite en hilo fino, nunca de golpe: la clave de la emulsión es la paciencia. Si viertes todo el aceite de una vez, se separará de la base y no conseguirás esa textura cremosa. Viértelo despacio, con la batidora en marcha.
- Reposa en nevera antes de servir: si tienes tiempo, deja el ajoblanco en la nevera al menos 30 minutos antes de emplatar. El frío asienta los sabores y mejora la textura.
- Ajusta la densidad a tu gusto: si la crema te queda demasiado espesa, añade un poco más de agua fría y vuelve a triturar. Si queda demasiado líquida, añade unas almendras más y repite el proceso.
Preguntas frecuentes
¿Puedo preparar el ajoblanco con antelación?
Sí, y de hecho gana con el reposo. Puedes prepararlo hasta 24 horas antes y conservarlo tapado en la nevera. Eso sí, la guarnición (uvas, jamón, almendras y sal negra) añádela justo antes de servir para que mantenga su textura y frescura. Remueve bien antes de emplatar, ya que es normal que se separe ligeramente durante el reposo.
¿Se puede hacer sin ajo para los niños?
Por supuesto. Si retiras el ajo, obtendrás una crema de almendras suave y muy agradable que suele gustar mucho a los más pequeños. También puedes reducir la cantidad a medio diente si prefieres que esté presente pero con menos intensidad.
¿Puedo sustituir las almendras crudas por solo tostadas?
Puedes, pero el resultado será diferente. Las almendras crudas aportan el color blanco característico del ajoblanco y una cremosidad más neutra. Si usas solo tostadas, la crema tendrá un tono más oscuro y un sabor más intenso a fruto seco. Lo ideal es mantener la mezcla de ambas para conseguir el equilibrio entre cremosidad y profundidad de sabor.
Conclusión
El ajoblanco es una de esas recetas que demuestra que la cocina andaluza sabe convertir ingredientes humildes en platos extraordinarios. Almendras, pan, ajo, vinagre y un buen aceite de oliva virgen extra: con eso basta para preparar una crema fría que refresca, alimenta y sorprende a partes iguales.
El aceite de oliva virgen extra Estepa Virgen de Oleoestepa es el ingrediente que da alma a esta emulsión: sus notas de hierba recién cortada y frutas verdes se funden con las almendras de forma natural, aportando una textura sedosa y un aroma que permanece en cada cucharada. Añadido en hilo fino y rematado con un chorrito final en crudo, su presencia se nota desde el primer bocado hasta el último.
Si te ha gustado esta receta, te animamos a probar también nuestro gazpacho de huevo o una clásica mazamorra, dos sopas frías andaluzas igual de refrescantes y llenas de sabor.
Ingredientes
- 100 ml de aceite de oliva virgen extra Estepa Virgen de Oleoestepa
- 150 g de almendras crudas peladas
- 50 g de almendras tostadas
- 150 g de miga de pan del día anterior
- 1 diente de ajo
- 1 cucharada de vinagre de Jerez
- 350 ml de agua fría
- Sal al gusto
- 80 g de jamón serrano en virutas
- 12 uvas sin pepita
- Sal negra para decorar
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