Historias de mujeres de cooperativa: el papel relevante de la mujer en el proyecto cooperativo de Oleoestepa

Oleoestepa es un proyecto cooperativo en el que no sobra nadie. Todas las personas que forman la cadena de valor del aceite de oliva virgen extra en Oleoestepa son cruciales para lograr el éxito de todos. La reciente incorporación de la mujer en esta cadena de valor ha sido un factor clave para lograr el reconocimiento de Oleoestepa como el productor líder del aceite de oliva virgen extra de alta calidad.

Iniciamos una serie, Mujeres de Cooperativa, con la que queremos visibilizar la presencia relevante de las mujeres en Oleoestepa y valorizar su aportación clave a este proyecto cooperativo.

Virginia López Rodas

Administradora y Directora de la sección de crédito en la cooperativa Olivarera de Casariche (Sevilla).

Virginia López Rodas, administradora y directora de la sección de crédito en la cooperativa Olivarera de Casariche (Sevilla).

Virginia inició su actividad profesional en la cooperativa en el año 2006 cubriendo una baja de un compañero. Lo que comenzó siendo una tarea temporal se ha convertido en un trabajo de más de 15 años. Nos cuenta que sus inicios fueron duros, ya que era muy joven y no contaba con experiencia profesional previa, “había finalizado recientemente mis estudios universitarios de Empresariales por lo que no tenía ninguna experiencia laboral. Aunque reconoce que todos sus compañeros hicieron todo lo posible para ayudarla, ellos tampoco contaban con conocimientos sobre contabilidad, “por lo que con poca ayuda técnica contaba, pero sí con mucho apoyo”. Esa falta de experiencia la suplió con ganas y empeño por aprender logrando en poco tiempo gestionar óptimamente la contabilidad de la cooperativa.

Con el paso del tiempo sus responsabilidades fueron creciendo, de modo que cuando surgió la necesidad de implantar una directora de la sección de crédito de la cooperativa, el Consejo Rector confió esta tarea a Virginia.

Cuando empezó a trabajar en las oficinas de la cooperativa sus dos compañeros eran hombres y el órgano de gobierno de la cooperativa, el consejo rector, estaba formado íntegramente por hombres. En definitiva, era la única mujer en la parte de gestión de la cooperativa, hecho que también se daba en las asambleas donde asistían más de 100 socios y en la que ella seguía siendo la única mujer. “Al principio esta situación me intimidaba y me ponía muy nerviosa cuando tenía que exponer las cuentas, pero nunca recibí un mal comentario por el hecho de ser mujer, siempre se me reconoció mi profesionalidad” reconoce Virginia.

“Tuve que convencer a mujeres socias con las que tenía un contacto permanente en la cooperativa, encargada del trabajo diario de sus explotaciones olivareras, que era necesario que también asistieran al máximo gobierno de la cooperativa, la asamblea, porque su opinión es tan respetable como la de cualquier otro socio” recuerda con alegría, ya que con el paso del tiempo ha ido logrando una mayor participación de la mujer, “en la última asamblea que se celebró entre un 15 y 20% de los asistentes fueron mujeres”.

En la parte de administración, Virginia considera que la mujer siempre ha estado bien representada, aunque esto no ha ocurrido en todas las áreas de la cooperativa. Aunque como todo, con el paso de los años, afortunadamente ha ido cambiando, siendo más presente la mujer en todas las áreas de la cooperativa.

A pesar de haber comenzado a trabajar rodeada de hombres, reconoce que ella siempre se ha sentido apoyada y ayudada por todos sus compañeros, convencida de que trabajar con hombres nunca le ha supuesto dificultades sino más bien lo contrario, siempre le han intentado ayudar, especialmente en asuntos como la conciliación familiar.

En cuanto al futuro, tiene muy claro que el desarrollo de la cooperativa está ligada a la contratación de personal muy formado, especialista en cada una de las áreas de trabajo. De ahí que recomiende a la juventud que se forme adecuadamente, que tenga ilusión y ganas por hacer crecer la cooperativa, porque “contribuirá positivamente en la economía de todos los que vivimos en Casariche”.

 

Inmaculada Rangel Fernández

Catadora del panel de Oleoestepa y administradora de su empresa familiar agrícola

 

Inmaculada Rangel Fernández, catadora del panel de Oleoestepa y administradora de su empresa familiar agrícola.

Su vinculación con la olivicultura viene de muy largo, de tradición familiar. Su estrecha vinculación con el mundo del olivar desde su infancia le ha supuesto un afán constante por saber más sobre el aceite de oliva virgen extra.

Con ese propósito inició su carrera como catadora en el panel de cata de Oleoestepa hace ahora más de 25 años. Todos estos años de experiencia catando zumos de aceituna le han servido para evidenciar que la calidad debe estar por encima de la cantidad. Y en su plano como agricultora, dirigir la explotación con ese fin: “obtener aceitunas sanas de manera sostenible y recogerlas en el momento óptimo” apunta Inmaculada.

Inmaculada nos explica que cuando comenzó existía una gran desigualdad entre el mundo urbano y el rural. No obstante, Inma afirma que “Aunque hoy en día siguen existiendo, las diferencias ya no son tan notables, gracias a la revalorización constante y profesionalización el mundo agrícola logrado entre todos y todas”.

En cuanto al papel de la mujer en este entorno rural corrobora que también ha crecido mucho su presencia en los últimos años, y defiende que “hay más mujeres tanto en las tareas agrícolas como en cargos de responsabilidad como el consejo rector de la cooperativa, de modo que se está consiguiendo una mejor representación de la mujer en el ámbito rural”. Afortunadamente en su trayectoria profesional como agricultora no encontró obstáculos para desempeñar sus tareas, pero aun así reconoce que la figura de la mujer se encontraba limitada en la cooperativa a tareas de oficina, “entonces el campo era cosa sólo de hombres” recuerda Inmaculada.

Anima a todos los jóvenes, tanto chicas como chicos, a desarrollar su vida en el mundo rural “porque hay futuro”. Inmaculada se llena de orgullo al hablar de su hija Irene, quién también ha decidido dedicarse a este sector y aunque ahora mismo está fuera, cogiendo experiencia y terminando sus estudios, está convencida de que volverá para seguir con la empresa familiar.

Inmaculada nos confiesa que cuando se apuntó al primer curso de catas que impartió Oleoestepa nunca pensó que “esto llegaría hasta aquí”. Y recuerda con ironía como en los primeros cursos de introducción a la cata había participantes que ante aceites atrojados defendía rotundamente que “este sí que es bueno”. Un ejemplo evidente de lo mucho que ha cambiado el sector del aceite de oliva en los últimos años a favor de calidad, ya que “el aceite que se reconocía como de buena calidad hace unos 20 años actualmente no hay lugar a dudas que se trata de un aceite con defectos”.

 

Rosa García Reina

Técnico API de la cooperativa asociada Sor Ángela de la Cruz (Sevilla)

 

Rosa García Reina, técnico API de la cooperativa asociada Olivarera Sor Ángela de la Cruz en Estepa.

A pesar de su juventud son casi 15 años los que ya posee como experiencia en la labor de asesoría agrícola a los olivareros asociados, colaborando en la modernización del tejido agrícola “para lograr un cultivo más sostenible y eficiente, pero siempre buscando la máxima calidad” apunta Rosa. Tuvo la suerte de finalizar sus estudios de Ingeniería Agrícola justo en el momento en el que se inició la implantación del certificado sostenible de Producción Integrada, siendo necesario para ello la incorporación de técnicos en las cooperativas asociadas.

Rosa nos cuenta como en estos años ha vivido muchos cambios, especialmente en la forma de trabajar, debido a los avances tecnológicos. “Cuando inicié mi vida laboral no existía la digitalización de hoy en día, sabíamos lo que se hacía en el campo y el agricultor estaba asesorado por los técnicos, pero hoy en día, en la era de la digitalización, todo se conoce de forma más precisa, de todo tenemos más datos”.  A este respecto destaca la utilización de imágenes satélite en la nube como ayuda a la hora de hacer predicciones y concretar el uso de recursos más eficientes.

También resalta la ayuda que ha supuesto la tecnología en la gestión documental de la implantación de las técnicas agrarias y productivas sostenibles que exige el sello de Producción Integrada. “Toda acción debe quedar plasmada en el cuaderno de trabajo de cada explotación por lo que las nuevas herramientas informáticas son nuestros aliados, ya que nos ayudan a reducir el trabajo de seguimiento y control” apunta Rosa.

Su responsabilidad comienza en la supervisión de la actividad agrícola de los olivareros asociados, controlando las plagas, las enfermedades o cualquier problema que ocurra en el olivar. En su comunicación permanente con el agricultor se le asesora en cuanto al momento óptimo y el tratamiento a realizar sobre el cultivo, permitido por el riguroso protocolo del sello de Producción Integrada.

Rosa nos confiesa que la principal dificultad en su labor de asesoramiento se encuentra en conjugar la rentabilidad del agricultor con la sostenibilidad medioambiental del campo y la seguridad alimentaria del consumidor. “El uso de productos fitosanitarios está muy restringido, siempre garantizando la sostenibilidad medioambiental y un aceite de máxima calidad y sin residuos químicos” reconoce Rosa.

A pesar de ser la única mujer en la cooperativa desde el inicio de su labor nunca se ha sentido minusvalorada. Rosa confiesa que “siempre he recibido el apoyo de mis compañeros y agricultores asociados, respetando mi asesoramiento y toma de decisiones”.

Actualmente no es la única mujer técnico agrícola encargada de la implantación de la Producción Integrada. Un ejemplo más de la incorporación de la mujer en el mundo cooperativo, también en el ámbito de la ingeniería agrícola, que viene a sumarse a otras labores administrativas, técnicas o industriales, ya realizadas por mujeres en las distintas cooperativas que componen Oleoestepa. No obstante, considera que aún es necesario seguir avanzando en la incorporación de la mujer en el mundo rural para lograr la igualdad real.

Mirando al futuro, Rosa recomienda a todos los jóvenes que le guste la agricultura y el entorno rural, que se formen y se esfuercen. “Hay muchas personas que no consideran interesante una profesión ligada al campo, pero creo que es por desconocimiento. Es sacrificado, pero también muy satisfactorio, ya que los frutos del esfuerzo son muy palpables” apunta Rosa.

Por último, resalta un cambio muy importante que también ha tenido la oportunidad de vivir en estos años: la progresiva profesionalización de los agricultores, muy ligada al cambio generacional. Y comenta que “hoy en día el campo se ve como una empresa, por lo que tiene que funcionar sí o sí, de ahí la necesidad de profesionalización”.

 

Magdalena Borrego Haro

Técnico API de la cooperativa asociada San Isidoro (Sevilla)

 

Magdalena Borrego Haro, técnico API de la cooperativa asociada San Isidoro (Sevilla).

Su trayectoria profesional en la cooperativa no pudo empezar con mejor pie. Fue terminar sus estudios de Técnico Agrícola y a los pocos meses surgir una oportunidad de trabajo en la gestión de la recepción de aceitunas en la campaña 2002/03. Aunque empezó con un contrato temporal, su valía y tesón le ha supuesto ir aumentado su nivel de responsabilidad durante sus casi 20 años ligada a la cooperativa, ejerciendo en la actualidad como técnica agrícola, encargada del asesoramiento agronómico a los socios y de la implementación de las técnicas de producción sostenible certificadas con el sello de Producción Integrada.

De sus inicios Magda recuerda que “no fue nada fácil abrirse camino en un mundo de hombres, donde no estaban acostumbrados a recibir consejos o directrices de mujeres y mucho menos, por parte de mujeres jóvenes”. Tuvo que demostrar su valía día tras día hasta conseguir doblegar estos primeros recelos.

Su labor de asesoramiento técnico lo complementa con la de catadora en el panel de catas de Oleoestepa, labor que considera de gran valor y con total sinergia con la actividad en la almazara a la hora que clasificar correctamente los aceites y no cometer errores durante el proceso productivo.

Aunque considera que la mujer ha ido logrando mayor presencia en el mundo cooperativo en estos últimos años, evidencia que “lamentablemente todavía queda mucho por recorrer”, y pone como ejemplo de ello, la reducida participación de la mujer en los principales órganos de poder de una cooperativa: la Asamblea de Socios y su Consejo Rector.  “En el caso de nuestra cooperativa la presencia de la mujer en las asambleas no suele superar el 1%, y el Consejo Rector está formado exclusivamente por hombres”.

El deseado equilibrio pasa irremediablemente por una mayor incorporación de la mujer en la actividad agrícola, de ahí que aconseje a las mujeres jóvenes que les gusta el campo, que lo intente y no se achiquen ante las dificultades. “Por desgracia, van a tener que demostrar más que los hombres, pero, aun así, que luchen. Todo esfuerzo tiene su recompensa.” apunta optimista Magda.

 

Lola Nogales

Maestra de la Almazara de la cooperativa asociada Olivarera San Isidro de Gilena (Sevilla)

 

Lola Nogales, maestra de la almazara de la cooperativa asociada Olivarera San Isidro de Gilena (Sevilla) es un ejemplo de la incorporación de la mujer en roles estratégicos en el proceso productivo del aceite de oliva virgen extra.

A pesar del poco tiempo que lleva ejerciendo esta labor, ha comprobado que la tecnología es su gran aliada, por lo que tiene muy claro que el futuro de las almazaras asociadas pasa necesariamente por una modernización continua de instalaciones y maquinarias.

Se siente muy agradecida por el equipo humano con el que trabaja, y en ningún momento se ha visto afectada por el hecho de ser mujer en un entorno mayoritariamente masculino. “Siempre encuentro una disposición a la colaboración entre mis compañeros, siendo inmejorable la acogida recibida “.

Considera que la mujer está cada vez más representada en el mundo de la agricultura y ya no solo están presentes en la administración o en el clasificado, también en el “campo de batalla”, en el proceso extractivo del aceite de oliva virgen extra.

Lola quiere finalizar esta entrevista animando a todos a “enamorarse del aceite de oliva virgen extra”, a profundizar en su cultura, tanto niños como adultos. “Independientemente de cualquier factor, edad, sexo o raza, todos los que vivimos en torno a este proyecto cooperativo debemos interesarnos más por el mundo del olivar y, por supuesto, animar a nuestro entorno a descubrirlo. Seguro que les encantará”.

 

Sophie Girona

Socia Agricultora de la cooperativa asociada San José de Lora de Estepa (Sevilla)

 

Sophie Girona es socia agricultora de la cooperativa asociada San José de Lora de Estepa (Sevilla).

Hace 7 años decidió darle un giro drástico a su vida, cambiando su cosmopolita vida en Paris por una tranquila vida en Lora de Estepa, un pequeño pueblo de la comarca de Estepa, junto a su pareja con antepasados en este municipio.  Aquí tomó consciencia del valor de una agricultura sostenible y la protección del entorno natural de la comarca. Actualmente dirige y cuida una finca de olivar ecológico.

Desde que tomó las riendas de la explotación olivarera asiste regularmente a las asambleas de la cooperativa, y aunque aún no hay un equilibrio total, afirma que “sí ha habido un notorio aumento en la asistencia de mujeres a la asamblea, el lugar donde se toman las decisiones importantes, y una mayor participación”.

En su día a día, echa en falta la existencia de más posibilidades de formación para mujeres agrícolas, que aporten la seguridad necesaria para dar el gran paso hacia la gestión del olivar. Para ella, no contar con formaciones específicas o con recursos para formarse y aprender le ha supuesto un hándicap en su inmersión en el ámbito rural.

Como “mujer de acción”, prefiere las labores de campo a las administrativas. La tecnificación de la maquinaria usada en el campo hace que sean más livianas y ergonómicas, permitiendo así su uso por parte de la mujer, por lo que añade que “estas herramientas menos pesadas son fundamentales para facilitarme las tareas diarias en el olivar”.

En este proceso de inmersión en el mundo del olivar destaca la aportación de valor de los técnicos de la cooperativa. Su asesoramiento permanente en las técnicas agrarias adecuadas para su explotación ecológica ha sido clave para llevarla a buen fin, señalando que “sin el apoyo e información de los peritos de la cooperativa mi proyecto de olivar ecológico no hubiera sido posible, por lo que les estaré eternamente agradecida”.

Antes de despedirse quiere enviar un mensaje de esperanza a los jóvenes, chicos y chicas, animándoles a que formen parte de este proyecto cooperativo, e instándoles a que se formen y participen en los distintos espacios donde tiene lugar el proceso productivo del aceite de oliva virgen extra. “En definitiva, sin su participación este proyecto cooperativo y por extensión, esta comarca dedicada principalmente al cultivo de olivar, no tiene futuro” culmina Sophie.

 

Inmaculada García Haro

Administrativa de la cooperativa asociada Olivarera San Isidro de Gilena (Sevilla)

 

 

Inmaculada García Haro es trabajadora de la cooperativa asociada Olivarera San Isidro de Gilena (Sevilla).

Desde hace 20 años trabaja en el área de administración de la cooperativa, incorporando durante su trayectoria la gestión del almacén, gasoil y todo lo relacionado con la compra y venta de los productos fitosanitarios.

Reconoce que el papel tradicional de la mujer en la cooperativa se limitaba a la tarea de clasificado de la aceituna y limpieza de las instalaciones, y que por ello tuvo que pagar el precio por ser una mujer pionera en nuevas áreas laborales netamente masculinas hasta el momento. “Fui la primera mujer en trabajar en las oficinas de la cooperativa, y no fue nada fácil. Todos los trabajadores y socios eran hombres, y se asombraban cuando se encontraban a una mujer trabajando en la administración de una cooperativa”.

Pero afortunadamente también ha podido comprobar en estos años que la situación ha cambiado radicalmente y que, “aunque aún queda mucho camino por recorrer, ya es significativo la presencia de mujeres en esta cooperativa”. También destaca el aumento de socias agricultoras que dan el paso a la gestión “sin depender de sus maridos para llevar el campo”.

Aunque la situación va mejorando, reclama una mayor participación de la mujer en los órganos de representación y poder de las cooperativas, apuntando que “cuantas más mujeres haya en el Consejo Rector de una cooperativa seguro que ésta irá mejor”.

 

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